lunes, 1 de enero de 2018

¡Estoy estresada, al borde de la locura!: Rinoceronte naranja

La maternidad es muy bonita, pero también muy estresante. ¡Para qué negarlo!

¿Quién no se ha visto superada por el estrés un día cualquiera y le han dado ganas de llorar?
¿A quién no se le ha acumulado estrés de la vida en general con la locura que se monta en casa con los niños?
¿A quién no le han dado ganas de pegar un grito -y peor todavía un cachete- a su hijo superada por el estrés?

Y es que, tristemente, esta es la cruda realidad.

Las obligaciones, y todo lo que la maternidad / paternidad exige, unidos, son una bomba a punto de estallar.
Y llega un momento en el que te das cuenta de que estás al borde de la locura.

Pero no quieres ser un ogro verde con cuernos, ni convertirte en un monstruo al que tus hijos teman con sólo mirar.
Y entonces, en ese momento, piensas en buscar alguna solución.
Tiene que haberla, no puede ser todo tan duro.

Muchos padres y madres pagan el estrés con sus hijos en forma de gritos, amenazas, y (peor aún) golpes.
A veces no se dan cuenta de las consecuencias tan negativas que tiene ese comportamiento con sus hijos.
Pero en otras ocasiones, por suerte, se dan cuenta de que no es una buena técnica y deciden buscar ayuda.

No, no me refiero a que tengas que ir a un psicólogo por pegar un grito de vez en cuando - o quizás sí, una terapia nunca viene mal-.
Sino a que existe algún que otro plan de autoayuda con el que abandonar esas malas costumbres para empezar a vivir mejor: tú, tu pareja y tus hijos.

El desafío del rinoceronte naranja es una iniciativa para dejar de gritar a tus hijos. Y no, no consiste en disfrazarse de rinoceronte, aunque desde luego sería gracioso por un momento.
Una estadounidense, madre de cuatro hijos, se dio cuenta de que gritaba demasiado y de que, ni ella ni sus hijos, eran felices.
Se propuso dejar de gritar, y estar un año entero sin hacerlo.
Evidentemente, las cosas no cambian de un día para otro. Así que propone alternativas al grito para cuando estés al borde de la locura, recordatorios que te hagan ser consciente del reto en todo momento, y una serie de consejos que te ayudarán a dejar de gritar.

En Facebook hay un grupo en español donde se comparte mucho y se ayudan mutuamente entre los miembros. Porque el apoyo en este caso es muy recomendable. Y nada mejor que tener a quien te ayude a levantarte cuando caes.

Y por aquí te dejo la página original del reto. Está en inglés, pero con el traductor de Google no tendrás problema aunque no domines el idioma.

Aprendí que el estrés puede superarnos.
Aprendí que los momentos de felicidad se alternan con otros de locura.
Aprendí que se puede mejorar.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Nuestro estado psicológico en la maternidad

No es necesario tener depresión para estar psicológicamente afectado, y que esto influya en la crianza de nuestros hijos.
Seguro que, como madres y padres, somos los que más queremos a nuestros hijos, y hacemos todo lo posible para que sean felices.
Pero, muchas veces, sin intención y sin darnos cuenta, no hacemos lo que de verdad nuestros hijos necesitan.

Vamos a poner un caso como el mío, que tengo tres hijos. A veces, por error, podría delegar en la princesa demasiada carga para cuidar de sus hermanos por el simple hecho de ser la mayor. La cosa empieza con un "juega con el bebé mientras hago la comida", y puede irse de las manos en cualquier momento y hacer que la niña se sienta responsable de esas tareas.

También podemos plantearnos otra situación. Imagina que, cuando eras pequeño/a, había un juguete que te encantaba y que deseabas con todas tus fuerzas. Pero, por algún motivo, nunca te lo compraron y tienes ahí esa espinita clavada. Te esfuerzas por que tu hijo lo tenga para que no le pase como a ti. Pero, ¿te has parado a pensar si a tu hijo le interesa ese mismo juguete o le es indiferente?

Ser buenos padres y madres no está en darle a nuestros hijos todo lo que creemos que tienen que tener, ni tampoco en colmarlos de besos y decirles lo mucho que los queremos. Lógicamente, estas cosas también forman parte de la crianza, sobre todo la segunda. Pero, para ser buenos padres, tenemos que ser conscientes de nosotros mismos y nuestras emociones para saber gestionarlas con nuestros hijos.

Hace tiempo llegó a mis manos "Tu hijo, tu espejo", de Martha Alicia Chávez. Un libro fantástico que muestra la parte oculta de nuestros comportamientos con los hijos. Una gran ayuda para ver lo que estamos haciendo bien, y corregir lo que estemos haciendo mal de forma inocente.


Aprendí que, en la carrera de la maternidad, no todo vale.
Aprendí que no todo es bueno.
Aprendí que nunca se deja de aprender.


lunes, 11 de diciembre de 2017

¿Celos? o mamá compartida

Cuando tenemos un hijo o hija y llega un nuevo bebé, se produce una situación delicada que requiere mucha atención, esfuerzo y delicadeza.

En esto, como en todo, hay que reconocer que cada niño/a es un mundo.
Al igual que nos pasa a los adultos, unos somos más celosos y otros menos, unos más sensibles y otros menos, etc.
Puede que tengamos un niño/a que sea celoso de por sí, o que esté muy apegado a nosotros, o que sea demasiado sensible... O puede que no. Y esto, desde luego, influirá en su reacción ante la llegada del hermanito/a.

En mi caso, y con tres hijos pequeños, por suerte no he sufrido en demasía los celos de unos con otro.
En gran parte, porque puede que mis hijos sean así; pero supongo que también tendrá algo que ver cómo he tratado la situación con ellos.

Princesa tenía 15 meses cuando nació Príncipe. Era una niña muy apegada a mí, siempre había estado conmigo y no se quedaba nunca con nadie. Los dos días que pasé en el hospital fueron la primera vez que me separé de ella. Pero también ha sido siempre la niña de papá, así que se entendieron muy bien en mi ausencia, e iban a visitarme con mucha frecuencia.
La impliqué en la llegada del bebé desde que estaba embarazada. Juntas tocábamos la barriga y llamábamos a bebé.  Y desde que nació Príncipe, ella me ayudaba a cuidar de nuestro nuevo muñeco.
Todavía tomaba pecho, así que les daba a los dos. A veces incluso al mismo tiempo. Y así se fueron criando muy unidos.
Y, lejos de apartarla para atender al bebé, la unía siempre a nosotros. Podía cogerlos a los dos a la vez, dormir con ellos en la cama, hacer cualquier cosa con los dos para que no sintiese celos o rechazo por su nuevo hermanito.

Ahora, con la llegada de Principito, traté de implicarlos a los dos desde el embarazo.
Así, Princesa y Príncipe deseaban ver a su nuevo hermanito.
Príncipe tenía dos años y medio cuando nació Principito. Ya no tomaba pecho, así que esa parte he podido evitarla esta vez.
Y procuro atenderlos a todos por igual y que ninguno sienta que los dejo a un lado por el bebé.
Ya no pudo cogerlos en brazo al mismo tiempo, pero sí estar a su lado todo el tiempo que puedo, y compartir con ellos cualquier momento que tengo libre, incluso del cuidado del bebé.

Hemos tenido momentos difíciles, tanto ahora como antes.
Ha habido situaciones en las que no he podido estar completamente para todos, y en algún momento les ha costado. Pero como ha sido cuestión de minutos, y después he compensado muy bien, han terminado comprendiendo.
Así que, puedo decir orgullosa, que no ha habido escenas de celos.

Nada de rechazar al bebé, ni de quitarle sus cosas, o tratar de hacerle daño, o ese tipo de cosas que se cuentan.
Amor, mucho amor entre todos, y entrega plena a ellos.

Aprendí que depende de cómo se traten las situaciones.
Aprendí que se puede vivir sin celos.
Aprendí que se puede compartir a mamá.
Aprendí que hay amor para todos.

lunes, 27 de noviembre de 2017

De compras para el bebé

Hace tiempo que quería publicar esta entrada, pero le voy dando prioridad a otras y se va quedando en espera.

Todas las mamá (y papás también) empezamos a planear todo lo que necesitará el bebé desde que nos enteramos del embarazo, a veces incluso antes.
Queremos darles lo mejor, y que tengan de todo.
Y no hablo aquí de que tengan un exceso de juguetes caros e innecesarios, ni el último modelo de cada cosa que salga, sino de cosas más básicas.

Cuando estaba embarazada de princesa, no quise comprar nada demasiado pronto por eso de que los tres primeros meses hay más riesgo de aborto. Pero reconozco que aunque no compraba iba mirando y planeando.  Y sobre los 5 o 6 meses de embarazo empezamos a preparar sus cosas.
Compradas o que alguien nos las preste, el caso es que siempre empezamos por el carrito de paseo, mini cuna, bañera, silla del coche...
Y poco a poco, según nace el bebé y va creciendo, vamos aumentando el número de cosas.

En mi caso:
- Tuve una mini cuna que usé los primeros meses.
- Luego una cuna más grande desde que princesa tenía unos 6 ó 7 meses.
- Bañera, la que lleva un mueble con cajones para guardar sus cositas y un cambiador encima.
- El carro y sillas del coche, por supuesto.
- Me regalaron una hamaca que ha sido el mejor invento del mundo.
- Luego llegó la trona para comer.
- El parque para jugar.
- Un asiento para la bañera porque ya no cabía en la otra.
Y por supuesto sin contar con los bodies, trajes, pijamas, zapatos, etc.

Pero luego, cuando nació príncipe y nuestra situación era totalmente diferente, la mayoría de cosas quedaron inutilizadas.  ¿Y pasó algo? Pues no, se crió igual o mejor.
Príncipe no dormía en la mini cuna, se despertaba mucho, y yo necesitaba descansar porque tenía un recién nacido y una pequeña de 15 meses y les daba el pecho a los dos.
- Cambiamos la mini cuna por el colecho, y también se unió princesa.
- La mini cuna se guardó en el trastero, y también la cuna.
- Durante el día dormía en la hamaca o en la cama.
- Empecé a utilizar también el porteo, me compré una mochila-fular para poder llevar al bebé y que su hermana fuese en el carro, porque tampoco podía andar demasiado.
- Compré también un patín para el carro, para que princesa fuese subida en él cuando príncipe iba en el carro.
- La bañera que tanto me gustó, tuve que dejarla guardada por una mudanza, así que con 3 meses príncipe empezó a bañarse en el asiento de la bañera de casa. Tampoco tenía entonces cambiador, pero con uno impermeable podía ponerlo en la cama o el sofá y cambiarles el pañal a los dos (la mayor seguía siendo pequeña).

Y ahora, desde que llegó principito:
- Usé la mini cuna al principio para las siestas durante el día, pero directamente el colecho de noche.
- Usé la bañera pequeña los primeros 4 meses, y después el asiento para la grande.
- Uso tanto la mochila como el carro, dependiendo de las situaciones.

Del resto de cosas, puedo resumir diciendo que:
- La hamaca la he usado mucho con los tres: para dormir, para estar despierto y jugar, para ver la tele, y hasta para las primeras comidas.
- La trona es imprescindible para sentarlos a comer.
- El parque para jugar podría venderlo como nuevo porque no lo he usado. A princesa no le gustaba, príncipe no lo tuvo por la mudanza, y a principito no sé si se lo sacaré o no.

Aprendí que no hace falta tener una tienda entera en casa.
Aprendí que las cosas no son más prácticas por ser más caras o más bonitas (como la bañera que se queda pequeña enseguida y que cuesta usar el cambiador cuando pesan demasiado).
Aprendí que la situación influye mucho.
Aprendí que lo importante es lo que les damos a nivel de afecto y cuidados, no las cosas que les compremos.
Aprendí que cada vez soy más feliz con menos cosas.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Chupete sí, chupete no

Cuando tenemos un bebé, o incluso mientras estamos en la dulce espera, nos hacemos miles de preguntas sobre qué será lo mejor para él.

Te regalan algún chupete en las canastillas de promoción. Y ahí viene el dilema.
¿Es bueno el chupete? ¿Desde cuándo? ¿Hasta cuándo? ¿Y si no usa chupete?
Y a todas estas respuestas, quien mejor puede responderte es una persona cualificada (matrona, pediatra, asesora de lactancia) y tu mismo sentido común.

Una vez que el bebé nace, las opiniones no pedidas no paran de llegar, y sobran todas.
Le das el pecho a tu bebé y siempre vendrá alguien a decirte: "ponle chupete que no esté todo el día al pecho", "te tiene de chupete".

Precisamente, el chupete se inventó para sustituir al pecho, para calmar la necesidad de succión de los bebés. Por lo tanto, no te tiene de chupete, hace lo natural.

Con princesa me informé mucho, leí, pregunté. No quería fracasar en la lactancia y terminar dándole biberón (que respeto a quien lo hace, pero en mi caso apostaba por una lactancia materna superando cualquier bache).
Entendí de los profesionales que, lo mejor, era dar un tiempo de afianzamiento de la lactancia. El primer mes sólo pecho, por duro que pudiese ser. Y una vez que la pequeña estuviese bien habituada al pecho, se cogiese sin problemas, etc, entonces podría probar con el chupete. Y así lo hice.
Y lo mismo quise hacer con príncipe y principito.

Pero príncipe y princesa se llevan 15 meses entre ellos, y los dos tomaban pecho. Así que, ante el cansancio de tener dos bebés y la presión de terceras personas para que le pusiera chupete, se lo puse a las tres semanas.

Luego, después de haberte insistido tanto en que le pongas el chupete, te insistirá para que se lo quites.
Alrededor del año y medio, las opiniones no pedidas vendrán a decirte que "el chupete es malo porque les deforma la boca y les tuerce los dientes".
Y esto es cierto, pero en parte. Puesto que depende de cómo se use el chupete, del tamaño, del tiempo que pasa con él en la boca, y de la edad del niño.

Mis hijos han tenido chupete hasta poco más de los dos años. Se lo he ido quitando poco a poco, sin dramas, respetando sus ritmos. Y así, un buen día, se han hecho mayores y ya han sabido dormir sin chupete.

Por último, queda la opción que sigue una buena amiga: nada de chupete. Ella nunca tuvo chupete, y no cree que sea necesario para sus hijos.
Sí, se puede. Los acostumbras a dormir al pecho, y poco a poco de cualquier otra forma, y no hace falta ningún chupete.

Sin olvidarnos también de que, muchos niños, rechazan el chupete y no lo quieren por mucho que insistas.

Aprendí que los consejos no pedidos están demás.
Aprendí que lo mejor es consultar a los profesionales.
Aprendí que, cada madre, debe seguir su instinto y hacer lo que crea mejor para sus hijos.
Aprendí que el chupete puede ser una ayuda en ciertos momentos.
Aprendí que se puede criar sin chupete.

lunes, 30 de octubre de 2017

Niños de alta demanda

No seré yo una de esas personas a las que le gusta poner etiquetas:
- Que si el niño es malo.
- Que si la niña es muy buena.
- Que si es un llorón.
- Que si..., que si..., que si...

Y es que creo, después de mucho leer y aprender, que es contraproducente etiquetar a los niños, a cualquier persona en general.

Si le etiquetas de malo, cada vez se comportará peor porque ya sabe que es "Un niño malo".
Si le etiquetas de bueno, pensará que todo lo que hace es bueno, aunque sea pegar o morder.

Y según esta teoría, tampoco me ha gustado nunca etiquetar a mis hijos como "niños de alta demanda".
Conozco el término hace años, desde que princesa era bebé. Y siempre pensé: "no es alta demanda, sino que pide lo que necesita". Tanto para princesa, como para cualquier niño etiquetado como "de alta demanda".
Luego llegó príncipe y volví a decir lo mismo. Aunque ya me rondaba por la cabeza: "con lo demandantes que son mis hijos, ¿cómo serán los de alta demanda?".
Ahora, con principito en nuestras vidas desde hace algo más de cinco meses, y con otro bebé en la familia completamente opuesto, creo que me queda claro que mis hijos son de alta demanda, todos.

No, no me gusta comparar tampoco. Las comparaciones son odiosas.
Pero, mientras su primo se queda dormidito en la hamaca sólo, sin chupete y sin llegar a llorar; cualquiera de mis hijos podría quedarse sin respiración de tanto llorar si intentas que duerma sólo o tardas más de la cuenta en cogerlo para dormir.

En este blog habla de niños de alta demanda, es uno de tantos que cuentan su experiencia, pero me gusta cómo lo explica.

Mis hijos no se duermen solos.
Puede que en un paseo se duerman en el carro, pero no es siempre.
Igual se duermen nada más entrar al coche (normalmente), o lloran sin parar como principito y es imposible ir con él a ningún sitio.
No duermen más de media hora o cuarenta minutos en las siestas de día. Y de noche, princesa se despertaba cada hora y media. Después llegó el colecho y la cosa cambió.  (Menos mal)

Y podría seguir con una larga lista de cosas.  Pero aún así, me niego a llamarlos "niños de alta demanda", aunque lo sean. Son niños, bebés, que tienen necesidades, que me necesitan, y aquí estoy yo para ellos.

Aprendí que los niños tienen necesidades.
Aprendí que la maternidad (y pluri-maternidad) es agotadora.
Aprendí que mi vida depende ahora de los ritmos de mis hijos.
Aprendí que una sonrisa, una mirada, un "te quiero mamá", un abrazo, un beso... Son pago más que suficiente en los momentos de mayor tensión.
Aprendí que no cambio mi vida por nada del mundo.
Aprendí que mis hijos, con sus necesidades y exigencias, son mi mayor alegría (y locura en muchos momentos).

lunes, 23 de octubre de 2017

Ser una mamá organizada y productiva

Muchas veces me preguntan cómo soy capaz de estar yo sola siempre con los tres niños sin salir loca.
Y me preguntan también de dónde saco tiempo para muchas cosas.

Tiempo nunca tenemos, nadie. Porque tenemos muchas más obligaciones que tiempo, y porque siempre queremos hacer más de lo que podemos, o al menos yo.
Pero todo es cuestión de organizarse.

Yo soy una persona muy "de papel y boli". Me gusta tomar notas de todo, planificar cosas en la agenda, hacerme mis cuadrantes semanales. Ahora bien, otra cosa es que lo cumpla. Y es que, por mucho que anoto y planifico, luego me pongo a hacer otras cosas y voy dejando lo que tenía planeado.

Ahora estoy empezando nuevos proyectos, así que tengo que intentar ser más organizada para conseguir llegar a todo. He pensado empezar con el Bullet Journal, que sustituye a la agenda y a gente que conozco le está funcionando bien.
Pero, de momento, lo que estoy haciendo es aprovechar pequeños momentos de tiempo perdido:

- Que el bebé está al pecho, mientras yo puedo leer algunas páginas de un libro, o algún artículo interesante.
- Mientras espero a los niños en la puerta del cole, miro los email y cosas relevantes de redes sociales en el móvil.
- Ese momento irremediable en el que el niño no quiere hamaca, ni carro, ni nada, sólo brazos; lo aprovecho para escribir algo en el móvil, porque en el ordenador con una mano es complicado.
- El tiempo que la lavadora está haciendo su trabajo, yo voy guardando la ropa que tenía de la anterior colada.
- A la vez que me meto en la cocina para preparar la comida, intento dejarme medio lista la cena.
- Que me toca perder el tiempo en la sala de espera del médico porque va con retraso, pues aprovecho para cualquier cosa: leer, escribir algo en el móvil, mirar email, lo que sea, y así no tengo que hacerlo luego.

Y por último, algo que me ayuda bastante al ser mamá de tres pequeños con edades y necesidades diferentes, es intentar combinarlas. Pero de esto te hablaré en mi próxima entrada. (Que por cierto intentaré hacerlas semana sí, semana no, para evitar que esto se quede demasiado tiempo desierto).

Aprendí que todo es cuestión de organizarse y de aprovechar los pequeños momentos que no puedes hacer "nada".