viernes, 14 de diciembre de 2018

Esas noches...

Esas noches que pasan las horas sin poder dormir porque tu pequeño está enfermo.
Esas noches en las que intentas tumbarte en la cama mil veces pero no lo consigues porque tu niño llora.
¿Qué puedes hacer si ves que te necesita?
Está durmiendo, el caso es que ni siquiera abre los ojos, pero no para de quejarse. Algo le duele, debe pasarle algo. ¿Le dolerá la garganta? ¿Serán los oídos? Parece que le escuchas mocos al respirar, pero solo quieres tratar de calmarlo y que duerma, poder dormir tú.

Llega un momento, en esas noches, en que el cansancio acumulado, la necesidad de dormir, la incertidumbre por no saber exactamente por qué se queja tanto, todo eso se apodera de ti y te dan ganas de gritar, de mandarlo todo a paseo. Es el amor de madre y ver esa carita dulce lo que te hace reflexionar y volver a sacar fuerzas de donde no te quedan.

Pasan las horas, cada vez hay menos tiempo de descanso, y el pequeño apenas se ha calmado entre tus brazos, sin ni siquiera poder tumbarlo. Algo le pasa, no hay duda, porque él siempre duerme bien. Lo único que importa ya, cuando queda tan poco tiempo para que suene el despertador, es verle tranquilo y que deje de quejarse.

Esas mañanas, en las que suena el despertador cuando tan solo has dormido una hora. Te volverías a dormir un poco más, pero el deber te llama. Podrías llamar al trabajo, explicar que has pasado mala noche, y quizás lo entenderían. Pero, ¿cómo explicárselo a tus otros hijos? Esos que han dormido toda la noche y se despiertan rebosantes de energía para afrontar un nuevo día. Esos niños que, ajenos al mal de su hermano, han podido descansar y ahora reclaman un merecido desayuno.
Sacas fuerzas una vez más, tomas dos cafés en vez de uno, y a por el día.

Aprendí que sacamos fuerzas de donde no nos quedan.
Aprendí que lo importante es verlos bien.
Aprendí que una sonrisa, un beso o una simple mirada pagan todo el esfuerzo.

lunes, 22 de enero de 2018

Compartir necesidades diferentes

Cuando se tienen niños de diferentes edades, pero todos pequeños que necesitan demasiada atención, hay que compartir las necesidades.

No es lo mismo lo que duermen con 3 meses que con 9, ni con un año, y mucho menos cuando van creciendo.
Y lo mismo pasa con la alimentación, que una vez que empiezan a comer sólidos las necesidades van cambiando.

Así, cuando Princesa tenía 8 ó 9 meses, a penas dormía una siesta a media mañana. Y yo, embarazada de Príncipe, estaba tan cansada que lo único que quería era dormir.
A veces, la tumbaba en la cama conmigo intentando que durmiese, y la que daba alguna cabezada era yo. Otras veces, con más suerte, nos dormíamos las dos y podía descansar algo.

Con la llegada del hermanito, las necesidades de ambos eran completamente diferentes.
Princesa ya tenía 15 meses, andaba hacía poco y ya no paraba quieta. El bebé, en cambio, brazos y más brazos.
Con la lactancia, Princesa todavía seguía tomando pecho, y Príncipe me necesitaba día y noche.
La solución: compartir a mamá.
Muchas veces metía al bebé en la mochila de porteo para atender, mientras tanto, a la hermanita mayor.
Otras veces, me sentaba a jugar con ella mientras tenía al pequeño en brazos.
Cuando querían dormir la siesta, intentaba cogerlos a los dos estando en el sillón, y abrazar a cada uno con un brazo para que estuviesen con su mami.
Lo mismo con el pecho, más de una vez tuve que darles a los dos al mismo tiempo. Normalmente Princesa esperaba, pero a veces estaba muy cansada, o simplemente me necesitaba al mismo tiempo, y por no verla llorar les daba a cada uno un pecho. ¡Por suerte tenemos dos!

Y así fueron creciendo, sin celos y compartiendo a mamá.

Ahora, los dos son bastante autónomos para comer, cambiarse de ropa (o al menos intentar ayudar), y se entretienen mucho jugando entre ellos. Con lo cual, ya no me necesitan tanto.
Pero, aún así, los niños siempre necesitan, al  menos, la compañía y atención de su madre (o padre).

Llegó Principito, con otras necesidades completamente diferentes a las de sus hermanos. Y no quedó más remedio que volver a adaptarse.
Puedo preparar el desayuno y algunas comidas para los mayores mientras tengo al bebé en brazos. No quiere decir que sea fácil, ni que me guste, ni que no acabe agobiada más de una vez. Simplemente, se hace.
Puedo sentarme a comer con los dos mayores, en el mismo momento que intento comer yo (porque comer todos juntos es nuestra rutina desde el primer momento), y mientras tanto darle el pecho al bebé, o tenerlo conmigo e intentar entretenerlo, o lo que sea. Sí, mi comida nunca quema, termino la última siempre, algunas veces ya no sé si le estaba ayudando a Princesa o a Príncipe, y el bebé se acaba manchando la ropa con la comida de los mayores. Pero, simplemente, se hace.
Para dormir, nos hemos ido marcando una rutina desde el primer día.
Los mayores no duermen siesta desde hace mucho tiempo, antes que naciese el bebé. Intento que le dejen dormir, que no lo molesten con el ruido. A veces sale, otras no. Pero, por lo general, el bebé puede dormir varias siestas al día. Por la noche, nuestra hora de dormir está sobre las 20:30h. Todos duermen a la vez. Mientras le doy el pecho al bebé para que duerma, tumbada en la cama, les cuento algo a los mayores, o les canto, o simplemente les acompaño hasta que se quedan dormidos. Cuando, por algún momento, no me sale como tengo previsto, el estrés y los nervios se dejan ver. Pero aún así, con paciencia, al final acaba saliendo bien.

Aprendí que todo es cuestión de organizarse.
Aprendí que se puede compartir a mamá.
Aprendí que las necesidades diferentes no son incompatibles.
Aprendí que con paciencia todo se puede.
Aprendí que la vida con hijos no es fácil, pero es muy gratificante.

lunes, 8 de enero de 2018

No soy perfecta, pero lo hago lo mejor que puedo

Desde el primer día que me convertí en madre supe que no todo era un camino de rosas, sino que había bastantes espinas.

Quería ser la madre perfecta, hacerlo todo bien. Pero enseguida me di cuenta de que la teoría no tiene nada que ver con la realidad.
Cada niño/a y cada madre/padre tenemos unas necesidades diferentes, y una forma diferente de satisfacerlas. Y ahí es donde viene la perfección: en darnos cuenta de que somos imperfectos.

Si escuchamos las teorías de todo aquel que quiere dar su opinión, pronto encontraremos fallos; a nosotros y a nuestros hijos.

Mi hijo duerme la noche entera desde los x meses. (Uy, pues el mío no).
Mi sobrina duerme en su habitación desde el año. (Uy, pues mi bebé no)
La hija de mi prima come sólido desde los 6 meses. (Uy, pues el mío no).

Y entonces, la mente que es muy traicionera, empieza a mandarnos comentarios como:
- Este niño es "malo" porque no duerme. Lo he acostumbrado mal.
- Este niño come fatal.
- Este niño...

Y según van creciendo, más comentarios.
Que si llora, que si no recoge, que si juega a no se qué, que si...

Si ya nos hemos dado cuenta de que tenemos hijos imperfectos, pero aún así los queremos igual, lucharemos por que esos comentarios no nos afecten.

- Mi hijo sigue durmiendo conmigo porque a los dos nos apetece. Punto.
- Mi hijo toma pecho porque los dos nos sentimos a gusto así.

Y aquí es donde merece la pena una pausa. Porque todo esto que sentimos por nuestros hijos de que hacen las cosas mal, viene impuesto por la sociedad, pero muchas veces lo traemos de fábrica por nuestras vivencias en la infancia.

Puede que, si mi padre me pegaba para corregirme, yo haga lo mismo.
Que si me enseñaron a que debía dormir sola por mucho que llorase, yo sienta que mi hijo tiene que hacer lo mismo.

Hace años que sigo a Tania García en su página Edurespeta.
Aboga por la crianza respetuosa, empezando por concienciar a los padres.
Si bien nunca he hecho uno de sus cursos -aunque los considero muy atractivos e inspiradores-, cuando sacó su libro no pude evitar comprarlo.

"Guía para madres y padres imperfectos que entienden que sus hijos también lo son" es, como su nombre indica, una guía de autoayuda para padres.
Sus consejos y ejemplos son de gran ayuda para comprender ciertas situaciones, los motivos que se esconden detrás, y cómo mejorar en nuestras actuaciones.
No llegaremos a ser perfectos, tampoco lo necesitamos, pero seguro que seremos más felices si comprendemos a nuestros hijos, identificamos nuestras emociones y las suyas, y nos tratamos con respeto mutuamente.


Y cuando se habla de respetar a los hijos, erróneamente se cree que se defiende el "dejarlos que hagan lo que quieran, no controlar nada". Pero, en este libro, Tania nos enseña que tener en cuenta su opinión no significa perder autoridad.
Porque nos cuesta muy poco preguntarle qué les gustaría cenar, y llegar a un acuerdo con ellos.
Claro, van a querer una hamburguesa llena de calorías. Pero, ¿y si le proponemos una alternativa que le guste? Hacemos una hamburguesa casera con pechuga de pollo asada, sin salsas, y con pan casero. ¡Y todos contentos!

Aprendí que no hace falta ser perfecta.
Aprendí que somos diferentes.
Aprendí que es importante conocerme para conocerlos a ellos.
Aprendí que se puede ser imperfectamente felices.



lunes, 1 de enero de 2018

¡Estoy estresada, al borde de la locura!: Rinoceronte naranja

La maternidad es muy bonita, pero también muy estresante. ¡Para qué negarlo!

¿Quién no se ha visto superada por el estrés un día cualquiera y le han dado ganas de llorar?
¿A quién no se le ha acumulado estrés de la vida en general con la locura que se monta en casa con los niños?
¿A quién no le han dado ganas de pegar un grito -y peor todavía un cachete- a su hijo superada por el estrés?

Y es que, tristemente, esta es la cruda realidad.

Las obligaciones, y todo lo que la maternidad / paternidad exige, unidos, son una bomba a punto de estallar.
Y llega un momento en el que te das cuenta de que estás al borde de la locura.

Pero no quieres ser un ogro verde con cuernos, ni convertirte en un monstruo al que tus hijos teman con sólo mirar.
Y entonces, en ese momento, piensas en buscar alguna solución.
Tiene que haberla, no puede ser todo tan duro.

Muchos padres y madres pagan el estrés con sus hijos en forma de gritos, amenazas, y (peor aún) golpes.
A veces no se dan cuenta de las consecuencias tan negativas que tiene ese comportamiento con sus hijos.
Pero en otras ocasiones, por suerte, se dan cuenta de que no es una buena técnica y deciden buscar ayuda.

No, no me refiero a que tengas que ir a un psicólogo por pegar un grito de vez en cuando - o quizás sí, una terapia nunca viene mal-.
Sino a que existe algún que otro plan de autoayuda con el que abandonar esas malas costumbres para empezar a vivir mejor: tú, tu pareja y tus hijos.

El desafío del rinoceronte naranja es una iniciativa para dejar de gritar a tus hijos. Y no, no consiste en disfrazarse de rinoceronte, aunque desde luego sería gracioso por un momento.
Una estadounidense, madre de cuatro hijos, se dio cuenta de que gritaba demasiado y de que, ni ella ni sus hijos, eran felices.
Se propuso dejar de gritar, y estar un año entero sin hacerlo.
Evidentemente, las cosas no cambian de un día para otro. Así que propone alternativas al grito para cuando estés al borde de la locura, recordatorios que te hagan ser consciente del reto en todo momento, y una serie de consejos que te ayudarán a dejar de gritar.

En Facebook hay un grupo en español donde se comparte mucho y se ayudan mutuamente entre los miembros. Porque el apoyo en este caso es muy recomendable. Y nada mejor que tener a quien te ayude a levantarte cuando caes.

Y por aquí te dejo la página original del reto. Está en inglés, pero con el traductor de Google no tendrás problema aunque no domines el idioma.

Aprendí que el estrés puede superarnos.
Aprendí que los momentos de felicidad se alternan con otros de locura.
Aprendí que se puede mejorar.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Nuestro estado psicológico en la maternidad

No es necesario tener depresión para estar psicológicamente afectado, y que esto influya en la crianza de nuestros hijos.
Seguro que, como madres y padres, somos los que más queremos a nuestros hijos, y hacemos todo lo posible para que sean felices.
Pero, muchas veces, sin intención y sin darnos cuenta, no hacemos lo que de verdad nuestros hijos necesitan.

Vamos a poner un caso como el mío, que tengo tres hijos. A veces, por error, podría delegar en la princesa demasiada carga para cuidar de sus hermanos por el simple hecho de ser la mayor. La cosa empieza con un "juega con el bebé mientras hago la comida", y puede irse de las manos en cualquier momento y hacer que la niña se sienta responsable de esas tareas.

También podemos plantearnos otra situación. Imagina que, cuando eras pequeño/a, había un juguete que te encantaba y que deseabas con todas tus fuerzas. Pero, por algún motivo, nunca te lo compraron y tienes ahí esa espinita clavada. Te esfuerzas por que tu hijo lo tenga para que no le pase como a ti. Pero, ¿te has parado a pensar si a tu hijo le interesa ese mismo juguete o le es indiferente?

Ser buenos padres y madres no está en darle a nuestros hijos todo lo que creemos que tienen que tener, ni tampoco en colmarlos de besos y decirles lo mucho que los queremos. Lógicamente, estas cosas también forman parte de la crianza, sobre todo la segunda. Pero, para ser buenos padres, tenemos que ser conscientes de nosotros mismos y nuestras emociones para saber gestionarlas con nuestros hijos.

Hace tiempo llegó a mis manos "Tu hijo, tu espejo", de Martha Alicia Chávez. Un libro fantástico que muestra la parte oculta de nuestros comportamientos con los hijos. Una gran ayuda para ver lo que estamos haciendo bien, y corregir lo que estemos haciendo mal de forma inocente.


Aprendí que, en la carrera de la maternidad, no todo vale.
Aprendí que no todo es bueno.
Aprendí que nunca se deja de aprender.


lunes, 11 de diciembre de 2017

¿Celos? o mamá compartida

Cuando tenemos un hijo o hija y llega un nuevo bebé, se produce una situación delicada que requiere mucha atención, esfuerzo y delicadeza.

En esto, como en todo, hay que reconocer que cada niño/a es un mundo.
Al igual que nos pasa a los adultos, unos somos más celosos y otros menos, unos más sensibles y otros menos, etc.
Puede que tengamos un niño/a que sea celoso de por sí, o que esté muy apegado a nosotros, o que sea demasiado sensible... O puede que no. Y esto, desde luego, influirá en su reacción ante la llegada del hermanito/a.

En mi caso, y con tres hijos pequeños, por suerte no he sufrido en demasía los celos de unos con otro.
En gran parte, porque puede que mis hijos sean así; pero supongo que también tendrá algo que ver cómo he tratado la situación con ellos.

Princesa tenía 15 meses cuando nació Príncipe. Era una niña muy apegada a mí, siempre había estado conmigo y no se quedaba nunca con nadie. Los dos días que pasé en el hospital fueron la primera vez que me separé de ella. Pero también ha sido siempre la niña de papá, así que se entendieron muy bien en mi ausencia, e iban a visitarme con mucha frecuencia.
La impliqué en la llegada del bebé desde que estaba embarazada. Juntas tocábamos la barriga y llamábamos a bebé.  Y desde que nació Príncipe, ella me ayudaba a cuidar de nuestro nuevo muñeco.
Todavía tomaba pecho, así que les daba a los dos. A veces incluso al mismo tiempo. Y así se fueron criando muy unidos.
Y, lejos de apartarla para atender al bebé, la unía siempre a nosotros. Podía cogerlos a los dos a la vez, dormir con ellos en la cama, hacer cualquier cosa con los dos para que no sintiese celos o rechazo por su nuevo hermanito.

Ahora, con la llegada de Principito, traté de implicarlos a los dos desde el embarazo.
Así, Princesa y Príncipe deseaban ver a su nuevo hermanito.
Príncipe tenía dos años y medio cuando nació Principito. Ya no tomaba pecho, así que esa parte he podido evitarla esta vez.
Y procuro atenderlos a todos por igual y que ninguno sienta que los dejo a un lado por el bebé.
Ya no pudo cogerlos en brazo al mismo tiempo, pero sí estar a su lado todo el tiempo que puedo, y compartir con ellos cualquier momento que tengo libre, incluso del cuidado del bebé.

Hemos tenido momentos difíciles, tanto ahora como antes.
Ha habido situaciones en las que no he podido estar completamente para todos, y en algún momento les ha costado. Pero como ha sido cuestión de minutos, y después he compensado muy bien, han terminado comprendiendo.
Así que, puedo decir orgullosa, que no ha habido escenas de celos.

Nada de rechazar al bebé, ni de quitarle sus cosas, o tratar de hacerle daño, o ese tipo de cosas que se cuentan.
Amor, mucho amor entre todos, y entrega plena a ellos.

Aprendí que depende de cómo se traten las situaciones.
Aprendí que se puede vivir sin celos.
Aprendí que se puede compartir a mamá.
Aprendí que hay amor para todos.

lunes, 27 de noviembre de 2017

De compras para el bebé

Hace tiempo que quería publicar esta entrada, pero le voy dando prioridad a otras y se va quedando en espera.

Todas las mamá (y papás también) empezamos a planear todo lo que necesitará el bebé desde que nos enteramos del embarazo, a veces incluso antes.
Queremos darles lo mejor, y que tengan de todo.
Y no hablo aquí de que tengan un exceso de juguetes caros e innecesarios, ni el último modelo de cada cosa que salga, sino de cosas más básicas.

Cuando estaba embarazada de princesa, no quise comprar nada demasiado pronto por eso de que los tres primeros meses hay más riesgo de aborto. Pero reconozco que aunque no compraba iba mirando y planeando.  Y sobre los 5 o 6 meses de embarazo empezamos a preparar sus cosas.
Compradas o que alguien nos las preste, el caso es que siempre empezamos por el carrito de paseo, mini cuna, bañera, silla del coche...
Y poco a poco, según nace el bebé y va creciendo, vamos aumentando el número de cosas.

En mi caso:
- Tuve una mini cuna que usé los primeros meses.
- Luego una cuna más grande desde que princesa tenía unos 6 ó 7 meses.
- Bañera, la que lleva un mueble con cajones para guardar sus cositas y un cambiador encima.
- El carro y sillas del coche, por supuesto.
- Me regalaron una hamaca que ha sido el mejor invento del mundo.
- Luego llegó la trona para comer.
- El parque para jugar.
- Un asiento para la bañera porque ya no cabía en la otra.
Y por supuesto sin contar con los bodies, trajes, pijamas, zapatos, etc.

Pero luego, cuando nació príncipe y nuestra situación era totalmente diferente, la mayoría de cosas quedaron inutilizadas.  ¿Y pasó algo? Pues no, se crió igual o mejor.
Príncipe no dormía en la mini cuna, se despertaba mucho, y yo necesitaba descansar porque tenía un recién nacido y una pequeña de 15 meses y les daba el pecho a los dos.
- Cambiamos la mini cuna por el colecho, y también se unió princesa.
- La mini cuna se guardó en el trastero, y también la cuna.
- Durante el día dormía en la hamaca o en la cama.
- Empecé a utilizar también el porteo, me compré una mochila-fular para poder llevar al bebé y que su hermana fuese en el carro, porque tampoco podía andar demasiado.
- Compré también un patín para el carro, para que princesa fuese subida en él cuando príncipe iba en el carro.
- La bañera que tanto me gustó, tuve que dejarla guardada por una mudanza, así que con 3 meses príncipe empezó a bañarse en el asiento de la bañera de casa. Tampoco tenía entonces cambiador, pero con uno impermeable podía ponerlo en la cama o el sofá y cambiarles el pañal a los dos (la mayor seguía siendo pequeña).

Y ahora, desde que llegó principito:
- Usé la mini cuna al principio para las siestas durante el día, pero directamente el colecho de noche.
- Usé la bañera pequeña los primeros 4 meses, y después el asiento para la grande.
- Uso tanto la mochila como el carro, dependiendo de las situaciones.

Del resto de cosas, puedo resumir diciendo que:
- La hamaca la he usado mucho con los tres: para dormir, para estar despierto y jugar, para ver la tele, y hasta para las primeras comidas.
- La trona es imprescindible para sentarlos a comer.
- El parque para jugar podría venderlo como nuevo porque no lo he usado. A princesa no le gustaba, príncipe no lo tuvo por la mudanza, y a principito no sé si se lo sacaré o no.

Aprendí que no hace falta tener una tienda entera en casa.
Aprendí que las cosas no son más prácticas por ser más caras o más bonitas (como la bañera que se queda pequeña enseguida y que cuesta usar el cambiador cuando pesan demasiado).
Aprendí que la situación influye mucho.
Aprendí que lo importante es lo que les damos a nivel de afecto y cuidados, no las cosas que les compremos.
Aprendí que cada vez soy más feliz con menos cosas.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Chupete sí, chupete no

Cuando tenemos un bebé, o incluso mientras estamos en la dulce espera, nos hacemos miles de preguntas sobre qué será lo mejor para él.

Te regalan algún chupete en las canastillas de promoción. Y ahí viene el dilema.
¿Es bueno el chupete? ¿Desde cuándo? ¿Hasta cuándo? ¿Y si no usa chupete?
Y a todas estas respuestas, quien mejor puede responderte es una persona cualificada (matrona, pediatra, asesora de lactancia) y tu mismo sentido común.

Una vez que el bebé nace, las opiniones no pedidas no paran de llegar, y sobran todas.
Le das el pecho a tu bebé y siempre vendrá alguien a decirte: "ponle chupete que no esté todo el día al pecho", "te tiene de chupete".

Precisamente, el chupete se inventó para sustituir al pecho, para calmar la necesidad de succión de los bebés. Por lo tanto, no te tiene de chupete, hace lo natural.

Con princesa me informé mucho, leí, pregunté. No quería fracasar en la lactancia y terminar dándole biberón (que respeto a quien lo hace, pero en mi caso apostaba por una lactancia materna superando cualquier bache).
Entendí de los profesionales que, lo mejor, era dar un tiempo de afianzamiento de la lactancia. El primer mes sólo pecho, por duro que pudiese ser. Y una vez que la pequeña estuviese bien habituada al pecho, se cogiese sin problemas, etc, entonces podría probar con el chupete. Y así lo hice.
Y lo mismo quise hacer con príncipe y principito.

Pero príncipe y princesa se llevan 15 meses entre ellos, y los dos tomaban pecho. Así que, ante el cansancio de tener dos bebés y la presión de terceras personas para que le pusiera chupete, se lo puse a las tres semanas.

Luego, después de haberte insistido tanto en que le pongas el chupete, te insistirá para que se lo quites.
Alrededor del año y medio, las opiniones no pedidas vendrán a decirte que "el chupete es malo porque les deforma la boca y les tuerce los dientes".
Y esto es cierto, pero en parte. Puesto que depende de cómo se use el chupete, del tamaño, del tiempo que pasa con él en la boca, y de la edad del niño.

Mis hijos han tenido chupete hasta poco más de los dos años. Se lo he ido quitando poco a poco, sin dramas, respetando sus ritmos. Y así, un buen día, se han hecho mayores y ya han sabido dormir sin chupete.

Por último, queda la opción que sigue una buena amiga: nada de chupete. Ella nunca tuvo chupete, y no cree que sea necesario para sus hijos.
Sí, se puede. Los acostumbras a dormir al pecho, y poco a poco de cualquier otra forma, y no hace falta ningún chupete.

Sin olvidarnos también de que, muchos niños, rechazan el chupete y no lo quieren por mucho que insistas.

Aprendí que los consejos no pedidos están demás.
Aprendí que lo mejor es consultar a los profesionales.
Aprendí que, cada madre, debe seguir su instinto y hacer lo que crea mejor para sus hijos.
Aprendí que el chupete puede ser una ayuda en ciertos momentos.
Aprendí que se puede criar sin chupete.

lunes, 30 de octubre de 2017

Niños de alta demanda

No seré yo una de esas personas a las que le gusta poner etiquetas:
- Que si el niño es malo.
- Que si la niña es muy buena.
- Que si es un llorón.
- Que si..., que si..., que si...

Y es que creo, después de mucho leer y aprender, que es contraproducente etiquetar a los niños, a cualquier persona en general.

Si le etiquetas de malo, cada vez se comportará peor porque ya sabe que es "Un niño malo".
Si le etiquetas de bueno, pensará que todo lo que hace es bueno, aunque sea pegar o morder.

Y según esta teoría, tampoco me ha gustado nunca etiquetar a mis hijos como "niños de alta demanda".
Conozco el término hace años, desde que princesa era bebé. Y siempre pensé: "no es alta demanda, sino que pide lo que necesita". Tanto para princesa, como para cualquier niño etiquetado como "de alta demanda".
Luego llegó príncipe y volví a decir lo mismo. Aunque ya me rondaba por la cabeza: "con lo demandantes que son mis hijos, ¿cómo serán los de alta demanda?".
Ahora, con principito en nuestras vidas desde hace algo más de cinco meses, y con otro bebé en la familia completamente opuesto, creo que me queda claro que mis hijos son de alta demanda, todos.

No, no me gusta comparar tampoco. Las comparaciones son odiosas.
Pero, mientras su primo se queda dormidito en la hamaca sólo, sin chupete y sin llegar a llorar; cualquiera de mis hijos podría quedarse sin respiración de tanto llorar si intentas que duerma sólo o tardas más de la cuenta en cogerlo para dormir.

En este blog habla de niños de alta demanda, es uno de tantos que cuentan su experiencia, pero me gusta cómo lo explica.

Mis hijos no se duermen solos.
Puede que en un paseo se duerman en el carro, pero no es siempre.
Igual se duermen nada más entrar al coche (normalmente), o lloran sin parar como principito y es imposible ir con él a ningún sitio.
No duermen más de media hora o cuarenta minutos en las siestas de día. Y de noche, princesa se despertaba cada hora y media. Después llegó el colecho y la cosa cambió.  (Menos mal)

Y podría seguir con una larga lista de cosas.  Pero aún así, me niego a llamarlos "niños de alta demanda", aunque lo sean. Son niños, bebés, que tienen necesidades, que me necesitan, y aquí estoy yo para ellos.

Aprendí que los niños tienen necesidades.
Aprendí que la maternidad (y pluri-maternidad) es agotadora.
Aprendí que mi vida depende ahora de los ritmos de mis hijos.
Aprendí que una sonrisa, una mirada, un "te quiero mamá", un abrazo, un beso... Son pago más que suficiente en los momentos de mayor tensión.
Aprendí que no cambio mi vida por nada del mundo.
Aprendí que mis hijos, con sus necesidades y exigencias, son mi mayor alegría (y locura en muchos momentos).

lunes, 23 de octubre de 2017

Ser una mamá organizada y productiva

Muchas veces me preguntan cómo soy capaz de estar yo sola siempre con los tres niños sin salir loca.
Y me preguntan también de dónde saco tiempo para muchas cosas.

Tiempo nunca tenemos, nadie. Porque tenemos muchas más obligaciones que tiempo, y porque siempre queremos hacer más de lo que podemos, o al menos yo.
Pero todo es cuestión de organizarse.

Yo soy una persona muy "de papel y boli". Me gusta tomar notas de todo, planificar cosas en la agenda, hacerme mis cuadrantes semanales. Ahora bien, otra cosa es que lo cumpla. Y es que, por mucho que anoto y planifico, luego me pongo a hacer otras cosas y voy dejando lo que tenía planeado.

Ahora estoy empezando nuevos proyectos, así que tengo que intentar ser más organizada para conseguir llegar a todo. He pensado empezar con el Bullet Journal, que sustituye a la agenda y a gente que conozco le está funcionando bien.
Pero, de momento, lo que estoy haciendo es aprovechar pequeños momentos de tiempo perdido:

- Que el bebé está al pecho, mientras yo puedo leer algunas páginas de un libro, o algún artículo interesante.
- Mientras espero a los niños en la puerta del cole, miro los email y cosas relevantes de redes sociales en el móvil.
- Ese momento irremediable en el que el niño no quiere hamaca, ni carro, ni nada, sólo brazos; lo aprovecho para escribir algo en el móvil, porque en el ordenador con una mano es complicado.
- El tiempo que la lavadora está haciendo su trabajo, yo voy guardando la ropa que tenía de la anterior colada.
- A la vez que me meto en la cocina para preparar la comida, intento dejarme medio lista la cena.
- Que me toca perder el tiempo en la sala de espera del médico porque va con retraso, pues aprovecho para cualquier cosa: leer, escribir algo en el móvil, mirar email, lo que sea, y así no tengo que hacerlo luego.

Y por último, algo que me ayuda bastante al ser mamá de tres pequeños con edades y necesidades diferentes, es intentar combinarlas. Pero de esto te hablaré en mi próxima entrada. (Que por cierto intentaré hacerlas semana sí, semana no, para evitar que esto se quede demasiado tiempo desierto).

Aprendí que todo es cuestión de organizarse y de aprovechar los pequeños momentos que no puedes hacer "nada".

jueves, 14 de septiembre de 2017

Lo confieso: la pluri-maternidad agota

En ningún momento lo he negado, y no quiero sentirme una súper heroína ante los ojos de nadie.

Pero, de vez en cuando, es bueno reconocer más sinceramente las cosas y dejar de decir que todo está bien y que vamos controlando la situación.
Que no digo que no sea así, pues más o menos está todo bajo control.

Y en ese más, y en ese menos, hay que tener en cuenta muchas cosas:
- Ser madre de tres niños menores de cuatro años es agotador, pero con grandes momentos de amor y alegría.
- Con tres hijos faltan manos, nunca puedes estar completamente cubriendo las necesidades de los tres; pero por suerte hay besos y abrazos infinitos para dar y recibir.
- Una casa con tres pequeños no está nunca perfecta para visitas. O limpias, recoges y pones todo a la perfección mientras ellos duermen, o aprovechas para descansar tú y tener un momento de calma y tranquilidad. Mi casa no está desordenada, está decorada por niños.
- Nunca puedes llegar a tiempo. Ni da tiempo a hacer todo lo que habías planeado, por más que lo intentes; ni puedes llegar puntual a las citas porque en el último momento todos los niños se acordarán de hacer algo que no habían hecho. O llegas tarde, o sales demasiado sobrada de tiempo para esperar y que no te esperen.
- No siempre habrá un menú de primera categoría en la mesa. Cuando puedas cocinar, que sea en cantidad para guardar y tener preparado cuando no puedas hacerlo. Y si no, pues algo rápido y mañana será otro día.  Eso sí, más vale unas cuantas frutas que tirar de comida precocinada.
- Olvídate de descansar como y cuando quieras, tus horarios funcionan según los de los niños. Pero eso no impide descansar, aprovecha el descanso suyo para el tuyo, y lo que no se haya hecho hoy mañana se hará (o pasado).
Y así podría seguir con una larga lista.

Aprendí que lo importante son los buenos momentos que nos regalan estas personitas, y que eso borra todo lo malo.
Aprendí que lo importante es disfrutar de cada momento de su infancia, que el tiempo vuela.
Aprendí que no es tan importante tener todo perfecto para visitas.
Aprendí que hay que aprovechar cada momento, los que haya para hacer algo, que sean productivos; y los que sean para descansar, intentando exprimirlo al máximo.
Aprendí que estar bien y tener la situación controlada depende del nivel de exigencia que tenga cada uno y de con qué nos conformamos.
Aprendí que la maternidad es agotadora, pero muy gratificante.
Aprendí que lo más importante somos nosotros, disfrutar, vivir, sentir, querernos...

viernes, 25 de agosto de 2017

Las mamás también lloramos

Hasta ahora hemos hablado de la maternidad como algo tan bonito y emocionante.
Pero, la maternidad también tiene un lado más difícil. Y es que, algunas veces nos vemos superadas por el estrés, los nervios, la responsabilidad, y hasta por no saber qué hacer.

Hay momentos en los que dan ganas de salir corriendo. Necesitamos desahogarnos, y llorar. Sí, porque las madres también lloramos.

Imagina un día en el que tu bebé llora y llora, que no consigues calmarlo, que toma pecho y después sigue llorando, que intentas que duerma pero no se queda tranquilo, que por más que lo intentes llora sin saber qué le pasa ni qué hacer.

Un día en el que tu/s hijo/s necesita/n moverse, gastar energías, correr, saltar... Pero, al no haber salido de casa, se sube/n por todo, saltan... Sin ver el peligro. Y tú, a punto de salir loca viendo los riesgos y sin poder evitarlo porque no quiere/n jugar ni hacer otra cosa.

Y, después de la tormenta, siempre llega la calma. Aunque puede que, cuando la calma llegue, estén tan desbordada que necesites soltar todo lo que has acumulado.  Llora, grita, ríe... Suéltalo, porque lo que retenemos demasiado al final nos pesa.

Aprendí que las mamás también lloramos.
Aprendí que no todo es fácil ni todo es bonito.
Aprendí que desahogarse es necesario.
Aprendí que llorar no es de débiles, sino un exceso de fortaleza.


viernes, 18 de agosto de 2017

Adiós barriga, hola bebé

Las últimas semanas del embarazo son las más difíciles y las más largas.
El peso, la barriga, la dificultad de movimientos, los pies hinchados, las ganas de ver al bebé, los miedos y nervios por la nueva situación... Parece la historia interminable.

Se habla de 40 semanas de embarazo, pero desde la 36 ya vamos pensando en que puede adelantarse.
-Ay, qué bien, a lo mejor lo tengo antes de lo esperado conmigo.
-Uy, ¿y si necesita incubadora?

Y así van pasando los días, y el momento no llega.
Incluso te puedes meter en la semana 42, desesperada, y que entonces te den cita para parto inducido (provocar el parto).

Mientras, repasas todo aquello que has aprendido del parto:
- Contracciones: ¿tengo o no tengo? Ay, un dolor, ¿estaré de parto?
- Rotura de bolsa (romper aguas): creo que estoy mojada, ¿habré roto aguas?
- Plan de parto: quiero que mi parto sea así y asá.

Pero cuando llega el momento, el de verdad, se reconoce aunque hayas tenido varias falsas alarmas.
Y aquí viene lo complicado:
- No todos los hospitales aceptan y siguen el plan de parto para que sea respetuoso como tú quieras (por no decir que en la mayoría esto se lo saltan)
- Eso de que las contracciones son cada 5 minutos, mentira. Cada parto es un mundo.
- Epidural sí o no: pues depende de cómo vaya el parto y del aguante que tenga cada una para soportar el dolor. Yo, por supuesto, agradezco el alivio después de tanto dolor. Una vez te ponen la epidural todo es mucho más fácil.
- Los temidos puntos: según el parto, y según el médico que te toque, puede que no haya corte (episiotomía) ni desgarro, o que te tengan que dar 20 puntos.

Lo más importante es que tú y tu bebé esteis bien, y que una vez le ves la carita y le tienes contigo se te olvida el dolor que has pasado, los nueve meses, la desesperación, etc.

Mi primer parto acabamos en la semana 42, con cita para parto inducido que se alargó porque yo tenía contracciones y no llegaron a inducirlo.  El resultado: ingresé un día 25 a las 8 de la mañana para parto inducido y princesa nació la madrugada del 27. Dos días de parto con contracciones que viene y van hasta que comenzó el verdadero trabajo de parto, y un corte que necesitó unos 7 puntos externos internos a parte, por una matrona en prácticas.

El segundo parto, 40 semanas y 6 días. Con contracciones fuertes desde que me levanté por la mañana que poco a poco se fueron haciendo más intensas y regulares. Al llegar a urgencias a mediodía me tumbo para poner el monitor, y las contracciones se frenan y se vuelven irregulares. Para mi sorpresa, estaba dilatada de 5 cm. En menos de 3 horas nació mi príncipe, con contracciones irregulares y un pequeño desgarro de un punto.

El tercer parto ha roto las reglas aún más.  41 semanas y un día, con mucha presión de su cabeza aproximadamente una semana. A las 41 semanas me dijeron que estaba dilatada de 2 cm, lo normal al no ser el primero, que no tenía contracciones y que todavía tenía que bajar un poco más la cabeza.  El dolor que yo tenía era tan fuerte que me hacía saltar de la silla y ponerme de pie, no podía estar sentada. Y así pasé algo más de un día. Yo no noté contracciones en la barriga, era dolor abajo, como si su cabeza hiciera fuerza. A las 4 de la tarde el dolor empezó a ser más fuerte y más seguido, pero no era regular ni contracciones en la barriga. Esperé hasta que me dieron un par de dolores/pinchazos con un espacio de dos minutos entre ellos, y ahí me fui a urgencias. Dilatada de 7 cm a las 6-7 de la tarde, sin contracciones en la barriga, y con ese dolor que había pasado de ser cada 12 minutos más o menos, a cada minuto o cada dos. A las 9 de la noche tenía a mi principito, sin cortes ni desgarro.

Aprendí que cada embarazo y cada parto es un mundo.
Aprendí que no hay un patrón a seguir.
Aprendí que cada uno sale cuando le toca.
Aprendí que no se puede planear.
Aprendí que lo importante no es el cuando ni el como, sino que todo salga bien.

domingo, 13 de agosto de 2017

Amante de la lectura

Desde niña he sido una gran amante de los libros.
Me encanta leer.  Es la mejor forma de vivir aventuras, de viajar, de conocer mundo y cultura, desde cualquier parte en que te encuentres.
En el sillón de casa, en la cama antes de dormir, en un viaje, sentada en la arena de la playa, en la sala de espera de cualquier sitio... Cualquier lugar es bueno para leer. Un libro es un gran compañero.

Es cierto que, con la maternidad, y sobre todo ahora con tres hijos, es muy difícil encontrar un momento para la lectura.  Pero a veces querer es poder, y hoy en día tenemos muchas facilidades, puesto que los libros en formato digital son más cómodos que tener que llevar un libro a todas partes y nos permiten ponernos a leer, incluso mientras damos el pecho al bebé.

Cuando descubrí la crianza respetuosa, internet, los foros, páginas, blogs y otras web, me fueron de gran ayuda. Pero en estas fuentes de conocimiento encontré a grandes profesionales y escritores a los que no he dejado de leer desde entonces.

Carlos González, pediatra y escritor, me ha enseñado mucho con títulos como: "Mi niño no me come",  "Un regalo para toda la vida", "Comer, amar, mamar" y "Bésame mucho"


Rosa Jové, psicóloga infantil y escritora, me acompaña en la crianza con libros como: "Dormir sin lágrimas",  "La crianza feliz" y "Ni rabietas ni conflictos"

El nutricionista Julio Basulto, autor de "Se me hace bola", aporta grandes consejos y respuestas cuando nuestros hijos no comen como nosotros queremos.

Aprendí que las respuestas están escritas, sólo hay que buscarlas.
Aprendí que en la maternidad también forman parte los libros.
Aprendí que el momento se encuentra porque querer es poder.


jueves, 10 de agosto de 2017

¿Crianza respetuosa?

Cuando nació princesa tuve las mil y una dudas que le surgen a cualquier madre primeriza.
A pesar de que había tratado de leer e informarme mucho, este mundo de la maternidad es tan amplio que nunca terminaré se aprender.

Los dos primeros meses de princesa fueron duros. La falta de experiencia, de ayuda, y de apoyo en el entorno hicieron que mi esfuerzo fuera mucho mayor, pero también mucho más productivo.

Princesa tendría ya un par de meses, se dormía siempre en brazos, bien porque se dormía al pecho, o porque la tenía encima de mi la mayor parte del día.
A mí no me molestaba, al contrario, me encantaba tenerla encima de mi, sentirla, olerla, besarla...  Era puro amor.

Pero ya empezaba a sentir que no seguíamos el patrón marcado de dormirse sola o con un muñequito. Y empecé a pensar que, quizás, como mucha gente decía, la estaba mal criando y acostumbrando a los brazos.

Seguí un consejo: ponla en la cuna, te pones al lado para cogerle la mano, y aunque llore no la cojas, te quedas ahí hasta que se duerma. Y así, poco a poco se acostumbra.

Ese llanto de, quizás, uno o dos minutos que a mí me parecieron horas, se clavó en mi corazón hasta tal punto que de los nervios empecé a gritar. Era rabia por no hacerlo bien, era dolor de sentirme inútil en ese aspecto, era culpa por hacerle llorar. Ya no sé ni lo que era...

Y en aquel momento empecé a investigar, mientras volvía a tener a mi niña en mis brazos, sintiéndola junto a mí y durmiendo tranquila, cómo enseñarle a dormir.

Me encontré con el método Estivill, basado en dejarlos llorar hasta que se acostumbren. No podía hacer eso, no era capaz.

Entonces busqué algo así como "enseñar a dormir sin llorar".
De alguna manera empecé a leer sobre la crianza respetuosa, aquello que no conocía ni había escuchado nunca, pero que se convirtió en la base que daría firmeza a mi maternidad y a mi crianza.
Conocí a Rosa Jove, psicóloga infantil y escritora basada en este tipo de crianza.
Conocí a Carlos González, pediatra y escritor basado en la crianza respetuosa.
Y empecé a conocer grupos, foros, páginas... Y un sinfín de fuentes y documentación que son mi punto de referencia.

Aprendí que no todos somos capaces de soportar ese llanto desconsolado.
Aprendí que cada niño y cada padres tenemos una forma diferente y única de vivir.
Aprendí que lo más importante es tenerlos cerca de mí.
Aprendí que los niños no se acostumbran a nosotros, sino que nos necesitan desde antes de nacer.
Aprendí que somos afecto desde bebés.
Aprendí que mal criar es criar mal, haciendo daño.
Aprendí que dar amor es ser felices.
Aprendí que nunca dejaré de aprender.

lunes, 7 de agosto de 2017

Recuerdo lo que me has enseñado

Viví con ella desde pequeña, desde mis primeros días.
Pasé tanto tiempo con ella que, cuando no lo estaba sólo pensaba en ir con ella.
Viví con ella mi niñez, mi infancia, mi adolescencia, y ella me acompañó en mis inicios como mujer adulta.

Aún recuerdo aquella cesta que tenía para llevarme la merienda al parque, aún recuerdo mis veranos con ella, aún recuerdo la primera vez que fui de viaje con ella, lo recuerdo todo como si fuera ayer.

Pero, lo que más recuerdo, son todos sus consejos, lo que me ha enseñado, y cómo era su forma de ser y su manera de vivir.
Y con orgullo puedo decir que sigo su ejemplo, y que ojalá yo pueda ser la mitad de precavida que ella fue.

Crió a sus hijas dándolo todo por ellas, y a pesar de la escasez consiguió guardar de donde no había.
Ayudó a sus hijas en la vida adulta y les preparó bien su camino, demasiado bien quizás.
Crió a sus nietas, especialmente a mí, y volvió a ser una madre conmigo, siendo siempre mi apoyos más fuerte en la familia.

Ya hace un año que no está con nosotros, pero me veo reflejada en ella cada día, recuerdo sus consejos, sus enseñanzas, y sigo su ejemplo para ser la madre entregada y cariñosa que siempre fue con nosotras.

Puede que mi vuelo sea diferente al suyo y que tenga un modo de vida diferente, puede que mis sueños sean diferentes a los suyos.
Pero esa huella de todo lo que me enseñó, de todo lo que aprendí con ella, sigue presente en cada paso que doy.

Aprendí que el mejor maestro fue pasar tiempo contigo.
Aprendí que con poco se puede hacer mucho.
Aprendí que lo más importante es entregarse de corazón.
Aprendí que por mis hijos seguiré tu ejemplo para que tengan, al menos, lo que yo he tenido.



domingo, 6 de agosto de 2017

Madre y abuela

Se dice que el amor de una madre es único, verdadero y desinteresado; y que una madre daría la vida por sus hijos.

Ese es mi sentimiento como madre.

Pero no todas las madres saben expresar estos sentimientos de igual manera. Con su mejor intención, supongo, hay madres que tienen otras prioridades.
Y no seré yo quien las juzgue, pues cada una es muy libre de elegir cómo vivir su vida de madre.

Para mí, no hay mayor satisfacción que pasar todo el tiempo con mis hijos. No me importa renunciar a cosas si a cambio los tengo a ellos.
Para otras madres, dejar a sus hijos al cuidado de alguien para disfrutar de una cena tranquila, salir de fiesta, hacer un viaje, ir al cine, etc es lo más normal del mundo.

Y cuando los padres son más de este segundo caso, de tener vida más allá de los hijos y disfrutar como cuando no los tenían,  ¿quién mejor que una abuela para ocuparse de los nietos?

Una abuela es una madre experimentada que ama incondicionalmente a sus nietos, de manera desinteresada, sincera, y que habría sido capaz de dar la vida por sus hijos, pero también lo sería por sus nietos.

Aprendí que una abuela puede llenar el vacío de una madre.
Aprendí que no todas las madres nos entregamos por igual.
Aprendí que el amor de madre y el amor de abuela no siempre es al 50%, sino que a veces una dará un 90% y la otra un 20%, y no siempre será la madre la que más de.



sábado, 5 de agosto de 2017

Preparación al parto

Normalmente, en todos los embarazos te informa la matrona de la posibilidad de asistir al curso de preparación al parto.

En mi caso, sólo pude asistir cuando estaba embarazada de princesa. Después, al tener a los otros niños, no he podido ir porque no podía llevarlos conmigo.

Compartir el embarazo con otras mamás embarazadas, intercambiar opiniones, vivencias, ideas, y conocer las dificultades de cada una, es una experiencia enriquecedora, gratificante y de la que se aprende muchísimo.

Además, que el curso se lleve a cabo por una matrona que esté continuamente formándose y conociendo todas las novedades y opciones que van surgiendo, es lo mejor que te puede pasar.

Recuerdo que mi matrona asistió por aquel entonces a un curso en Bélgica, y la veía tan activa y con ese ímpetu por aprender pata enseñarnos, que todavía me motivaba más a seguir asistiendo a las clases.

Como en cualquier cosa, el taller pre-parto o curso de preparación al parto va a depender mucho del profesional que te toque.

Desde mi experiencia, este tipo de cursos sirve para muchas cosas2:
-Conocer mejor nuestro cuerpo y la maravillosa forma en que ha sido creado para dar vida a un nuevo ser. Saber qué partes del cuerpo intervienen en este proceso de dar vida y cómo.
-Aprender a superar las dificultades que se dan tanto en el embarazo como en el parto (calambres, hinchazón, posiciones que facilitan, trabajo de parto, etc)
-Experimentar diferentes técnicas de relajación.
-Comparar las diferentes técnicas que existen tanto en partos como en crianza.
-Vivir un parto seguro conociendo todo el proceso y con una buena información y preparación física y mental.

Aprendí que no hay nada mejor que estar bien informado.
Aprendí que existen muchas posibilidades en el mundo de la maternidad / paternidad.
Aprendí que compartir el embarazo con alguien que te comprenda y sienta lo mismo que tú es una experiencia muy positiva.

viernes, 4 de agosto de 2017

El sueño del bebé

En el embarazo de princesa hice el curso de preparación al parto que me propuso mi matrona, y quedé muy muy orgullosa de ello.

En ese curso no sólo se hablaba del parto, sino de miles de temas relacionados con la crianza y con esta nueva vida de mamás que comenzaba.

Recuerdo que hablaban del "colecho" y a mí me sonaba a chino, no tenía ni idea de lo que podía ser.

Así que me informé y me pareció una auténtica locura:
¿Cómo iba a dormir el bebé con sus padres?
En pleno siglo XXI y con la cantidad de cunas que hay para elegir, ¿cómo meter al bebé en la cama?
Se acostumbrará a dormir con los padres.
Lo pueden chafar, qué irresponsables.
Y mil y una frases más.

Para mí, lo mejor, sin duda, era que el bebé tuviese su cuna. Al lado de mi cama, por supuesto, pero dormiría en su cuna.
Y, de hecho, princesa durmió en su cuna la mayor parte del tiempo durante su primer año.

Pero el tiempo que princesa dormía en mis brazos tras darle el pecho era tan bonito que no quería dejarla.
Muchas veces la tumbaba conmigo en la cama para poder descansar algo y acabábamos dormidas las dos.

Y ya, el empujón final vino cuando las circunstancias así lo quisieron.

Nació mi príncipe un mes de diciembre cuando mi princesa sólo tenía 15 meses. Fuese el frío, que estábamos en otra casa, o los miles de cambios que se avecinaban, príncipe no quería dormir en la cuna. Así que a los pocos días de vida empezó a dormir en la cama conmigo y con papá. Pero princesa, por el motivo que fuese, tampoco quería estar en su cuna, así que entró a la cama con nosotros.
Y ese fue el comienzo de nuestro colecho, ese que yo nunca pensé hacer.

A día de hoy puedo decir que no hay cosa más cómoda que tener al bebé al lado.
Y por eso hemos terminado juntando dos camas para dormir juntos princesa, príncipe y principito, con papá y mamá, pero dándonos un poco de espacio para que cada uno duerma como quiera.

Mientras princesa dormía en su cuna, cada hora y media se despertaba por las noches y tenía que levantarme, ir al sofá para no quedarme dormida, darle el pecho, volverla a acostar... Y así pasaba las interminables noches, sin descansar. Por lo que por el día necesitaba dormir cada vez que ella cerraba los ojos.

Príncipe también se despertaba bastante, pero al estar conmigo en la cama me quedaba durmiendo mientras él tomaba pecho, y no tenía que levantarme cada vez que él se despertaba.  Con lo cual, descansaba mejor.

Principito es más dormilón de noche, aguanta más tiempo del tirón. Así que ahora se puede decir que duermo varias horas de noche y descanso relativamente muy bien porque cuando él se despierta le doy el pecho en la cama y seguimos durmiendo otras cuantas horas tranquilamente sin tener que moverme de la cama.

Aprendí que nada es una locura por muy avanzados que estén los tiempos.
Aprendí que a veces la necesidad es la que más nos enseña.
Aprendí que se puede ser feliz con menos.
Aprendí que lo importante es nuestra comodidad, felicidad y descanso.

lunes, 31 de julio de 2017

Página: Diario de una endorfina

Otra de las páginas que plasma de manera cómica y llamativa la maternidad:

https://diariodeunaendorfina.com/

Esta es la última que he descubierto, y por lo poco que he podido leer me ha gustado mucho.